Leer para crecer

¿Somos lo que leemos?

En busca del tiempo ganado

Siempre he pensado que leer es una forma de escuchar.  En el siglo XX, cuando los nacidos en los años 60,  leíamos para aprender o para entretenernos, los mensajes impresos en forma de libros, periódicos o revistas  eran un medio de comunicación que competía con la televisión, la radio, los conciertos, los discos, o con el cine por nuestro tiempo o nuestro dinero. En ese momento el público era una diana a la que apuntaban creadores de contenidos en forma de arqueros.  La audiencia como en un teatro, escuchaba y aplaudía. Solo los “críticos autorizados”  alababan o censuraban al emisor (a menudo bajo sueldo)

El fin de siglo trajo a las personas mayores de 50  la opción de interactuar, de responder, de emitir. INTERNET lo cambió todo al ser multimedia y convertir el discurso en dialogo.  Esta  esta opción ya les es familiar  a los millennials.  Ellos han convivido con bloggers, youtubers, y autores autoeditados que han desmitificado la “autoridad” de los viejos influenciadores por darlo todo a cambio de una dedicación total a su labor de contar.  Los nuevos “emisores” de  información, de historias de ficción, de consejos o de  postverdad  ¿influyen menos?

Solo el tiempo nos dirá  con posterioridad lo que será, será… entre tanto solo nos queda invertir bien nuestro tiempo, elegir bien que leemos, a quien escuchamos, que vemos. Porque leer, escuchar, o ver nos hará crecer o disminuir en función de elegir vitaminas, drogas o veneno.

Hablamos para persuadir, casi todo es propaganda o evangelio, así que esperemos que la revolución cultural que INTERNET multiplica a la enesima potencia sirva para que elegir bien en que invertimos nuestro tiempo.

Aunque no nos engañemos. La información aún es elitista.  La información sigue otorgando poder a quien la posee, y la información de valor sigue teniendo un precio.  La gratuidad tiene un precio. Posiblemente la ausencia de valor.

ESTE AGOSTO :

INVIERTE BIEN TU TIEMPO

 

Volvemos el 8 de septiembre