LA NAVIDAD ESPECIAL DE LA NIÑA

UN CUENTO DE NAVIDAD DE JESÚS RODELLAR

 

Cuando la niña llegó del colegio una tarde a las cinco, en un helado día del mes de diciembre de principios de los años cuarenta del siglo veinte, y le pidió a su madre la merienda, el silencio reinó en toda la cocina de la vieja casa donde en el puchero se calentaba la escasa cena que iba a preparar para esa noche.

La poca leña que había recogido ese día para que sus cinco hijos estuviesen calientes esa gélida noche, ardía lentamente en el hogar con chimenea que dominaba las cocinas de todas las casas de los pueblos en aquellos duros años.

La niña seguía pidiendo la merienda. La madre con los ojos llorosos no le contestaba. Al final le dijo:

—Cuando llegue tu padre de trabajar, traerá comida.

Entonces la niña, ya contenta a la espera del padre, le comentó a su madre:

—Hoy ha sido el último día de escuela antes de  Navidad. La semana que viene ya es Nochebuena. Y esa noche haremos “cagar la toza” con padre en el hogaril. ¿Verdad mama?

—Así es hija. Y después a Misa de Gallo.

Y es que en poco más consistía en aquellos años la Navidad en un pequeño pueblo.

Pero a los niños de esa época nadie les quitaba la ilusión de la noche mágica de la víspera de la Navidad. Todos reunidos en torno al hogar, con el padre y el abuelo de la casa, hacían arder el trozo de madera más grande que había, y que el padre sujetaba por un extremo.

Como por arte de magia salían por allí cantidad de naranjas, mandarinas, nueces, guirlaches y demás frutos que había en esa época del año.

Los niños con la boca abierta, como cada año disfrutaban de la magia de esa noche.

Y cuando llegó el padre del pueblo vecino de trabajar, la niña merendó.

Y se sintió feliz mientras comía un trozo de pan con media sardina que su padre le dio, soñando con la magia de la noche de Navidad, donde la toza sacaría frutas y dulces.

Después esperaría a los Reyes Magos, a ver si este año le traían la muñeca que llevaba años pidiendo.

Para sus adentros se convenció de que este año sí. Llevaba años siendo buena y ya le tocaba.

Y su madre la miraba emocionada como si adivinase lo que la niña pensaba.

Le dio un beso y le dijo que este año había sido muy buena.

Y la muñeca llegó con los Reyes Magos.

Verdaderamente la niña nunca olvidaría esas Navidades….

Jesús Rodellar.