A continuación copiamos el articulo publicado en La Vanguardia, el pasado 5 de julio, fecha en la que Eduardo Mendoza inauguro el Foro Edita 2017, en el que estuvimos presentes tomando buena nota de lo que allí se dijo. 

Entre ellas destacamos la siguiente cita de Mendoza

“Los editores han hecho posible que las grandes obras de la literatura universal hayan llegado a nosotros, porque su destino era perderse en el tiempo”.

Barcelona, 5 jul (EFE).- El escritor barcelonés Eduardo Mendoza ha reivindicado hoy la figura del editor, “una figura nada superflua”, en la apertura del Foro Edita Barcelona, que durante tres días analizará el futuro del sector del libro con la perspectiva de 2030.En su intervención en el Saló de Cent del Ayuntamiento, el último premio cervantes ha dicho que “durante miles de años la mayoría de la población ha sido analfabeta, pero no ajena a la literatura, ya que se producía de forma oral” y ha añadido: “Los editores han hecho posible que las grandes obras de la literatura universal hayan llegado a nosotros, porque su destino era perderse en el tiempo”.
Mendoza ha hecho una distinción entre el escritor, que “escribe”, y el editor, que “hace libros”, y ha recurrido a su experiencia juvenil, cuando ni siquiera se planteaba ser escritor, “unos años en los que gozamos de un estado dictatorial que desertizó buena parte del territorio literario”, ha rememorado.

Entonces, conseguir un libro prohibido por la censura era un riesgo, pero el placer eran “indescriptible” cuando llegaban de manera clandestina libros de Francia, del Reino Unido, de Italia o de América Latina, según el autor.

Fue en esos años cuando Mendoza conoció a algunos editores figuras míticas, entre las que ha mencionado al patriarca José Manuel Lara, con quien tuvo una “cordial relación”, y a su hijo José Manuel Lara Bosch, con quien tuvo “una cordial amistad”.

En España, ha asegurado Mendoza, la figura del editor era en aquellos años la de “un artesano, algo de pícaro y mucho de romántico”.

Mendoza entró en el mundo literario por la puerta de Seix Barral, en la que sigue después de más de 45 años, junto a su editor y amigo Pere Gimferrer.

El escritor de “El laberinto de las aceitunas” ha evocado su primera experiencia en Sant Jordi en la caseta de Seix Barral, en la parte alta de la Rambla, en los primeros años de la Transición, en los que había muchas manifestaciones que convirtieron aquella jornada en “un campo de batalla”, hasta el punto de que una pelota antidisturbios perdida iba dirigida a él mientras cenaba con su editor en un restaurante de la zona.